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Obras de Yorik R. Piña Y Programas de AMIMUNDO
Premiación para niños y jóvenes entre 10 y 20 años en el "Programa Virtual de Prevención del delito y otros vicios" (PCPC)
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Próxima premiación, domingo 30 de junio, 2024
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Fragmento de urbanidad

TEMA

Fragmento de urbanidad

Para Crecer

Lee y Reflexiona:
'Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan. Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón' (María Montessori).

PARA CRECER
"Cuida de tus hermanos, niños y personas más pequeñas que tú"
La práctica constante de esta actividad genera para siempre la solidaridad, empatía, tolerancia, espíritu de de servicio y capacidad de crear grupos de afecto.



Cuidarlos significa:
animarlos cuando ejecutan actos buenos y corregirlos y aconsejarlos cuando cometan acciones no deseadas o antisociales. Cuidarlos, además, es protegerlos, ofreciéndoles parte de tu tiempo, esforzándote por hacerlos sentir felices y dándoles mucho amor.
(Tus padres explicarán lo que esto significa).
·acompáñalos en su soledad,
·juega con ellos,
·cuídalos del peligro,
·oriéntalos en sus tareas escolares,
·cuida, igualmente, a todos los niños menores que tú.
·No los hagas sufrir.
·Defiéndelas de quienes intenten hacerles daño.
Este ejercicio desarrolla tu virilidad y el sentido de solidaridad. Debes aprender a cuidar el producto de la virilidad: un ser humano.  

Lee y Reflexiona:
La Solidaridad es un valor humano y, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Adhesión es acompañar a otro: en su causa, en sus necesidades, en su bienestar.

Lee y reflexiona:
La lealtad es uno de los valores humanos más preciados. El hombre desleal vale menos que basura; pues esta infecta con su fétido olor a todo quien le circunda; más el hombre desleal, infecta con sus intrigas y falacias, a cualquier persona por lejos que esté”.  Amimundo


Fundación Amigos Del Mundo Incorporada.
Programa de Crecimiento Personal.
Urbanidad de Manuel Carreño.
DEBERES MORALES DEL HOMBRE.
DE LOS DEBERES PARA CON DIOS.
Segunda Parte.
 Le pediremos a Dios por nuestros padres, por nuestras familias, por nuestra patria, por nuestros bienhechores y amigos, así como también por nuestros enemigos y haremos votos por la felicidad del género humano y, especialmente, por el consuelo de los afligidos y desgraciados, y por aquellas almas que se encuentren extraviadas de la senda de la bienaventuranza.
 Y recogiendo entonces nuestro espíritu, y rogando a Dios nos ilumine con las luces de la razón y de la gracia, examinaremos nuestra conciencia y nos propondremos emplear los medios más eficaces para evitar las faltas que hayamos cometido en el transcurso del día.
Tales son nuestros deberes al entregarnos al sueño y al despertarnos, en los cuales, además de la satisfacción de haber cumplido con Dios y de haber consagrado un momento a la filantropía, encontraremos la inestimable ventaja de ir, diariamente, corrigiendo nuestros defectos, mejorando nuestra condición moral y avanzando en el camino de la virtud, único que conduce a la verdadera dicha.

Es también un acto debido a Dios y propio de un corazón agradecido, el manifestarle siempre nuestro reconocimiento, al levantarnos de la mesa. Si nunca debemos olvidarnos de dar las gracias a la persona de quien recibimos un servicio por pequeño que sea, ¿con cuánta más razón no deberemos darlas a la Providencia cada vez que nos dispensa el mayor de los beneficios? ¿Cuál es el medio de conservar la vida?
En los deberes para con Dios se encuentran refundidos todos los deberes sociales y todas las prescripciones de la moral. Él es el modelo de todas las virtudes, el padre más amoroso, el hijo más obediente, el esposo más fiel, el ciudadano más útil a su patria.

Y a la verdad, ¿cuál es la ley humana, cuál el principio, cuál la regla que encamine a los hombres al bien y los aparte del mal, que no tenga su origen en los Mandamientos de Dios, en esa ley de las leyes, tan sublime y completa cuanto sencilla y breve? ¿Dónde hay nada más conforme con el orden que debe reinar en las naciones y en las familias, con los dictados de la justicia, con los generosos impulsos de la caridad y la noble beneficencia, y con todo lo que contribuye a la felicidad del hombre sobre la tierra, que los principios contenidos en la ley evangélica?

Nosotros satisfacemos el sagrado deber de la obediencia a Dios guardando fielmente sus leyes, y las que tu sacerdote o pastor ha dictado en el uso legítimo de la divina delegación que ejerce; y es éste, al mismo tiempo, el medio más eficaz y más directo para obrar en favor de nuestro bienestar en este mundo, y de la felicidad que nos espera en el seno de la gloria celestial. Pero no es esto todo: los deberes de que tratamos no se circunscriben a nuestras relaciones internas con la Divinidad.

El corazón humano, esencialmente comunicativo, siente una inclinación invencible a expresar sus afectos por signos y demostraciones exteriores.

Debemos, pues, manifestar a Dios nuestro amor, nuestra gratitud y nuestra adoración, con actos públicos que, al mismo tiempo que satisfagan nuestro corazón, sirvan de un saludable ejemplo a los que nos observan.

Y como es el templo la casa del Señor, y el lugar destinado a rendirle nuestros homenajes, procuremos visitarlo con la posible frecuencia, manifestando siempre en él toda la devoción y todo el recogimiento que inspira tan sagrado recinto. Los sacerdotes y pastores, ministros de Dios sobre la tierra, tienen la alta misión de mantener el culto divino y de conducir nuestras almas por el camino de la felicidad eterna.

Tan elevado carácter nos impone el deber de respetarlos y honrarlos, oyendo siempre con interés y docilidad los consejos con que nos favorecen, cuando en nombre de su divino maestro y en desempeño de su augusto ministerio nos dirige su voz de caridad y de consuelo.

Grande es sin duda la falta en que incurrimos al ofender a nuestros prójimos, sean éstos quienes fueren; pero todavía es mucho más grave ante los ojos de Dios, la ofensa dirigida al sacerdote o pastor, pues con ella hacemos injuria a la Divinidad, que le ha investido con atributos sagrados y le ha hecho su representante en este mundo.

Concluyamos, pues, el capítulo de los deberes para con Dios, recomendando el respeto a los sacerdotes, como una manifestación de nuestro respeto a Dios mismo, y como un signo inequívoco de una buena educación moral, y religiosa.
Fragmento de urbanidad

Conocimiento

PCP-1

Lee y reflexiona:
"Si añades un poco a un poco y lo haces con frecuencia, pronto se convertirá en mucho". Hesíodo.

TEMA
"Ahorrar es beneficioso"
La práctica frecuente de esta actividad genera para siempre confianza y seguridad en uno mismo, tenacidad, prudencia y conciencia de individualidad.

Motívate a ahorrar, al menos, el 20% del dinero que consigues para que luego puedas comprar algo de utilidad. Esta costumbre puede servirte para conseguir lo que quieras cuando seas adulto.
  • El ahorro no es codicia.
  • El ahorro debe tener un objetivo. Debe ser planificado.
  • El avaro ahorra por el placer de tener dinero sin utilizarlo.
Localiza una alcancía o persuade a tus padres o tutores para que te abran una cuenta de ahorros en el banco de tu comunidad.
Si ya tienes 18 años, puedes abrirla por tu propia cuenta. Sólo tienes que ir al banco de tu preferencia con la documentación que exigen.

Es recomendable que también aprendas a ahorrar el agua y la  electricidad en tu hogar; igual cuidar tus vestimentas, calzados, accesorios y todo lo que tus padres con sacrificio han puesto a tu disposición.

Así como no se debe despilfarrar el dinero; sino ahorrarlo, también debe cuidarse todo lo que se consigue con este.
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Lee y reflexiona:
No hay verdadera paz si no va acompañada de equidad, verdad, justicia y solidaridad." Juan Pablo II (1920-2005)
Fundación Amigos Del Mundo.
Programa de Crecimiento Personal.
Urbanidad de Manuel Carreño.
DEBERES MORALES DEL HOMBRE.
DE LOS DEBERES PARA CON DIOS.
1era parte.
Basta dirigir una mirada al firmamento, o a cualquiera de las maravillas de la creación y contemplar, en un instante, los infinitos bienes y comodidades que ofrece la tierra para concebir, desde luego, la sabiduría y grandeza de Dios, y todo los que les debemos amor, a su bondad y a su misericordia.
En efecto, ¿quién sino Dios ha creado el mundo y gobierna? ¿Quién ha establecido y conserva ese orden inalterable con que atraviesa los tiempos la masa formidable y portentosa del Universo? ¿Quién vela incesantemente por nuestra felicidad y la de todos los objetos que nos son queridos en la tierra y, por último, ¿Quién, sino Él, puede ofrecernos, y nos ofrece, la dicha inmensa de la salvación eterna?
Sómosle, pues, deudores de todo nuestro amor, de toda nuestra gratitud, y de la más profunda adoración y obediencia; y en todas las situaciones de la vida, en medio de los placeres inocentes que su mano generosa derrama en el camino de nuestra existencia, como en el seno de la desgracia con que en los juicios inescrutables de su sabiduría infinita prueba a veces nuestra paciencia y nuestra fe.
Estamos obligados a rendirle nuestros homenajes, y a dirigirle nuestros ruegos fervorosos para que nos haga merecedores de sus beneficios en el mundo, y de la gloria que reserva a nuestras virtudes en el Cielo.
Dios es el ser que reúne la inmensidad de la grandeza y de la perfección; y nosotros, aunque criaturas suyas y destinados a gozarle por toda una eternidad, somos unos seres muy humildes e imperfectos. Así es que nuestras alabanzas nada pueden añadir a sus soberanos atributos.
Pero Él se complace en ellas y las recibe como un homenaje, debido a la majestad de su gloria, y como prendas de adoración y amor que el corazón le ofrece en la efusión de sus más sublimes sentimientos, y nada puede, por tanto, excusarnos de dirigirlas.
Tampoco nuestros ruegos le pueden hacer más justo, porque todos sus atributos son infinitos, ni por otra parte le son necesarios para conocer nuestras necesidades y nuestros deseos, porque El penetra en lo más íntimo de nuestros corazones. Pero esos ruegos son una expresión sincera del reconocimiento de que Él es la fuente de todo bien, de todo consuelo y de toda felicidad, y con ellos movemos su misericordia, y aplacamos la severidad de su divina justicia, irritada por nuestras ofensas, porque Él es Dios de bondad y su bondad tampoco tiene límites.
¡Cuán propio y natural es que el hombre se dirija a su Creador, le hable de sus penas con la confianza de un hijo que habla al padre más tierno y amoroso, le pida el alivio de sus dolores y el perdón de sus culpas, y con una mirada dulce y llena de unción religiosa, le muestra su amor y su fe como los títulos de su esperanza! Así al acto de acostarnos como al de levantarnos, elevaremos nuestra alma a Dios; y con todo el fervor de un corazón sensible y agradecido, le dirigiremos nuestras alabanzas, le daremos gracias por todos sus beneficios y le rogaremos nos los siga dispensando.


Actividades

Fragmento de urbanidad

         Para Tu Conocimiento:
(Desarrolla la confianza y seguridad en uno mismo, la capacidad de accionar en el mundo que le rodea y la conciencia de individualidad)
Esta   actividad tiene por objeto mostrarte el conocimiento que necesitas para   sobrevivir y ser competitivo en tu comunidad.

I
Aprende las tablas matemáticas del 2 al 9
Si   las sabes, resuelve sólo los ejercicios de más abajo.
Suma
a) 124,384 + 23,689=
Resta
b) 1,000,000 - 256,847=
Multiplica:
c) 879,565,214 X 23=
d)675 X 23=
Divide:
e) 17,135 entre: 23=
Resuelve:
f) 2/3 + ¼ =
g) 3/7 - 2/5=
h) ½ x ¾ =
i) ½ : ¼ =

Cuadro   II
  Lee estas cantidades.
a) 100,003
b) 2,000,003
c) 1,245,000,025
d) 2,000,001,008

III
Busca   la mayor cantidad de sinónimos.
a) cara
b) Viejo
c) Lienzo
d) perfil

IV
¿Qué   es la orografía?

V
 ¿Qué   es un átomo?

VI
¿Quién   es el padre de la patria de tu país?

Fundación Amigos Del Mundo Incorporada. amimundo.
Programa de Crecimiento Personal.
Módulo 1
Urbanidad de Manuel Carreño.
Deberes para con nuestros padres.
Segunda parte.
¡Nace al fin el hijo, a costa de crueles sufrimientos!  
Su primera señal de vida es un gemido como si el destino asistiera allí a recibirle en sus brazos, a imprimir en su frente el sello del dolor que ha de acompañarle en su peregrinación de la cuna al sepulcro.
Desde luego que los padres lo rodean de amor, le saludan con el ósculo de bendición, le prodigan sus caricias, protegen su debilidad y su inocencia.
Allí comienza esa serie de cuidados exquisitos, de contemplaciones, condescendencias y sacrificios, que triunfan de todos los obstáculos, de todas las vicisitudes y aun de la misma ingratitud, y que no terminan sino con la muerte.
Nuestros primeros años roban a nuestros padres toda su tranquilidad y los privan, a cada paso, de los goces y comodidades de la vida social.
Durante aquel período de nuestra infancia en que la naturaleza nos niega la capacidad de atender, por nosotros mismos, nuestras necesidades. Etapa en que nuestros organos son  demasiado débiles e impresionables, cualquier ligero accidente puede alterar nuestra salud y con posibilidad de  comprometerla para siempre.
Sus afectuosos y constantes desvelos suplen nuestra impotencia y nos defienden de los peligros que por todas partes nos rodean.
¡Cuántas inquietudes, cuántas alarmas, cuántas lágrimas no les cuestan nuestras dolencias!
¡Cuánta vigilancia nos tienen que poner a nuestra imprevisión! ¡Cuán inagotable no debe ser su paciencia para cuidar de nosotros y procurar nuestro bien, en la lucha abierta con nuestra absoluta ignorancia, asi como con  la voluntad caprichosa y turbulenta de los primeros años!
¡Cuánta consagración,  cuánto amor para conducirnos por entre tantos riesgos y dificultades, hasta la edad en que principia a ayudarnos nuestra inteligencia!
Apenas descubren en nosotros un destello de razón, ellos se apresuran a dar principio a la ardua e importante tarea de nuestra educación moral e intelectual; y son ellos los que imprimen en nuestra alma las primeras ideas, las cuales nos sirven de base para todos los conocimientos ulteriores y de normas para emprender el espinoso camino de la vida.
Su primer cuidado es hacernos conocer a Dios. ¡Qué sublime, qué augusta, qué sagrada aparece entonces la misión de un padre y de una madre!
El corazón rebosa de gratitud y de ternura, al considerar que fueron ellos los primeros que nos hicieron formar idea de ese ser infinitamente grande, poderoso y bueno, ante el cual se prosterna el universo entero, y nos enseñaron a amarle, a adorarle y a pronunciar sus alabanzas.
Después que nos hacen saber que somos criaturas de ese ser imponderable, ennobleciéndonos así ante nuestros propios ojos y santificando nuestro espíritu, ellos no cesan de proporcionarnos conocimientos útiles de todo género con los cuales vamos haciendo el ensayo de la vida y preparándonos para concurrir al total desarrollo de nuestras facultades, en el laudable y generoso empeño o de enriquecer nuestro corazón de virtudes, y nuestro entendimiento de ideas útiles a nosotros mismos y a nuestros semejantes, ellos no omiten esfuerzo alguno para proporcionarnos la enseñanza.
Por muy escasa que sea su fortuna, aun cuando se vean condenados a un recio trabajo personal para ganar el sustento, ellos siempre hacen los gastos indispensables para presentarnos en los establecimientos de educación, proveemos de libros y pagar nuestros maestros.
¡Y cuántas veces vemos a estos mismos padres someterse gustosos a toda especie de privaciones, para impedir que se interrumpa el curso de nuestros estudios!
Terminada nuestra educación, y formados ya nosotros, a costa de tantos desvelos y sacrificios, no por eso nuestros padres nos abandonan. Su sombra protectora y benéfica nos cubre toda la vida, y sus cuidados, como ya hemos dicho, no se acaban sino con la muerte.
ACTIVIDADES PERSONALES
La práctica de esta actividad puede generar la confianza y seguridad en uno mismo, levanta la estima personal,  capacidad de accionar en el mundo que te rodea, conciencia de individualidad, conocimiento de la leyes de la naturaleza.)

Es obligatorio escoger, por lo menos, una de estas acciones. Son actividades que se prolongarán en el tiempo. Serán las mismas durante los siguientes 10 módulos.
1.- Enseñar a leer a un analfabeto.
2.- Criar animales para luego alimentarte tú y los tuyos.
3.- Sembrar árboles frutales. Cuídalos hasta que tengan el desarrollo suficiente.
4.- Siembra y Cultiva productos hidropónicos.

ACTIVIDADES GRUPALES
Desarrolla la confianza y seguridad en uno mismo, levanta la estima personal, la capacidad de crear grupos de afecto y demostrar creatividad, accionar en el mundo que te rodea, así como la conciencia de individualidad, el espiritu de servicio, la solidaridad, descubrir los tesoros de la naturaleza para provecho propio y de los demás.



Es obligatorio escoger, por lo menos, una de estas actividades. Los padres escogerán el mejor lugar en donde sus hijos o alumnos las ejecutarán:
-deportes,
-reforestación,
-actividades culturales,
-artesanía,
-excursiones,
-cursos técnicos.

URBANIDAD
Es deseable reunirse, todos los que conviven bajo el mismo techo, con el objeto de leer y comentar un párrafo de Urbanidad. Sería provechoso que tus padres descarguen o compren, el "Manual De Urbanidad” de Manuel Carreño.

Fundación Amigos Del Mundo Incorporada.
Programa de Crecimiento Personal.
 Módulo 1.
 Urbanidad de Manuel Carreño.
Deberes para con nuestros padres.
 
Los autores de nuestros días, los que recogieron y enjugaron nuestras primeras lágrimas, los que sobrellevaron las miserias e incomodidades de nuestra infancia, los que consagraron todos sus desvelos a la difícil tarea de nuestra educación y a labrar nuestra felicidad, son para nosotros los seres más privilegiados y venerables que existen sobre la tierra.
En medio de las necesidades de todo género a que, sin distinción de personas ni categorías, está sujeta la naturaleza humana, muchas pueden ser las ocasiones en que un hijo haya de prestar auxilios a sus padres, endulzar sus penas y aun hacer sacrificios a su bienestar y a su dicha.
Pero ¿podrá acaso llegar nunca a recompensarles todo lo que les debe?, ¿qué podrá hacer que le descargue de la inmensa deuda de gratitud que para con ellos tiene contraída?
¡Ah!, los cuidados tutelares de un padre y una madre son de un orden tan elevado y tan sublime, son tan cordiales, tan desinteresados, tan constantes, que en nada se asemejan a los demás actos de amor y benevolencia que nos ofrece el corazón del hombre y sólo podemos verlos como una emanación de aquellos con que la Providencia cubre y protege a todos los mortales.
Cuando pensamos en el amor de una madre, en vano buscamos las palabras con que pudiera pintarse dignamente este afecto incomprensible, de extensión infinita, de intensidad inexplicable, de inspiración divina; y tenemos que remontarnos, en alas del más puro entusiasmo, hasta encontrar a María al pie de la cruz, ofreciendo, en medio de aquella sangrienta escena, el cuadro más perfecto y más patético del amor materno.
¡Sí!, allí está representado este sentimiento como él es. allí está divinizado. ¡Allí está consagrado el primero de los títulos que hacen de la mujer un objeto tan digno y le dan tanto derecho a la consideración del hombre!
El amor y los sacrificios de una madre comienzan desde que nos lleva en su seno. ¡Cuántos son entonces sus padecimientos físicos, cuántas sus privaciones por conservar la vida del hijo que la naturaleza ha identificado con su propio ser, y a quien ya ama con extremo antes de que sus ojos le hayan visto!
¡Cuánto cuidado en sus alimentos, cuánta solicitud y esmero en todos los actos de su existencia física y moral, por fundar desde entonces a su querida prole una salud robusta y sana, una vida sin dolores!
El padre cuida de su esposa con más ternura que nunca, vive preocupado de los peligros que la rodean, la acompaña en sus privaciones, la consuela en sus sufrimientos, y se entrega con ella a velar por el dulce fruto de su amor.
Y en medio de la inquietud, y de las gratas ilusiones que presenta este cuadro de temor y de esperanza, es más que nunca digno de notarse cuán ajenos son de un padre y de una madre los fríos y odiosos cálculos del egoísmo.
Si el hijo que esperan se encuentra tan distante de la edad en que puede serles útil; si para llegar a ella les ha de costar tantas zozobras, tantas lágrimas y tantos sacrificios; si una temprana muerte puede, en fin, llegar a arrebatarlo a su cariño, haciendo infructuosos todos sus cuidados e ilusorias todas sus esperanzas, ¿qué habrá que no sea noble y sublime en esa ternura con que ya le aman y se preparan a colmarle de caricias y beneficios?
Nada más conmovedor, nada más bello, y ninguna prueba más brillante de que el amor de los padres es el afecto más puro que puede albergarse en el corazón humano.
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